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Dura palabra (10/10)

5. La educación pude descubrir, como sugiere Zambrano, que el camino que conduce al hombre a su verdad es un doloroso parto, un cierto modo de exilio, un descenso a las entrañas. La capacidad de poetizar la vida, el ser, son indicios claros de que el hombre puede acceder a ellos por medio de la poesía y la metáfora, de una razón poética, como auténticos modos de la verdad, como ha mostrado Paul Ricoeur.  

6. La capacidad de guiar, formar y reformar el pensamiento, a través de un renacer siempre nuevo de las verdades que convienen al hombre, a cada generación, y a todos los pueblos. Su justa verdad, la que transforma sus vidas y las orienta. La verdad que le enseña a descubrir el ámbito de lo sagrado y a tratar con él. No a re-sacralizar al mundo, sino a penetrar en lo divino que ya lo permea. No a huir del sistema, sino a descubrirlo en contraste con el poema. No a huir de la historia, sino a buscar y descubrir en ella sus posiblidades de hacer de ella una historia de los hombres, no una historia sacrificiall, sino una historia de las personas, de los pueblos, dentro de una democracia que reconoce que su suelo nutricio es la religiosidad del respeto a un orden 

7. Con Marcel, puede aprender a superar el reduccionismo que hace de las personas un haz de funciones, a involucrarse en la relación intersubjetiva en un encuentro en el que lo decisivo es que el otro sea afirmado por sí mismo; a describir la exigencia del misterio ontológico, del misterio de una participación en el ser, a rebasar el ámbito de lo problemático, reconociendo el misterio como aquello en lo que estamos involucrados, como el amor, la vida y la muere. Sondear las posibilidades educadoras de la música, como modo de acceso al misterio y a una gran cantidad de verdades, intuiciones, certezas; descubrir en el drama, en el teatro, posibilidades insospechada de poner a prueba la verdades que creemos poder sostener desde un punto de vista meramente reflexivo; aprender a recuperar el significado de nuestras experiencias a través de una segunda reflexión, que va de lo cotidiano a su significado ontológico; a descubrir en la posibilidad de hacer de nuestras notas y anécdotas personales un verdadero diario metafísico, en el que lo vivido se convierte en la materia prima de una reflexión que nos conduce a plantear problemas filosóficos de gran envergadura, en lo concreto, con una clara referencia existencial y ubicado en las circunstancias; a cuestionarnos sobre nuestra condición de seres encarnados, peregrinos del absoluto, en medio de un clima de desánimo en el se corre el serio peligro de sucumbir, detenerse, capitular; a explorar el sentido de la invocación de una presencia, y del poder estar presente a otros. 

8. La verdad que educa es la verdad encarnada, la de un ser en situación ligado a un cuerpo, y se revela en la palabra, el diálogo, la poesía, la amistad, la comunión y el rostro de las personas, como vieron y enseñan Zambrano y Marcel.  

9. El punto de confluencia, la intersección de sus miradas, tal vez sea la obediencia, el acatamiento y la entrega. Sólo en la obediencia se revela la verdad al hombre. Sólo en la entrega del hombre, le es donada la verdad. 

Parece oportuno concluir esta charla citando al poeta indonesio Francisco Budi-Hardiman: La verdad no espera nada. No es un enigma ni un misterio, pero no podemos contemplarla, ni sostenerla entre las manos, porque no nos pertenece. La verdad tiene una mirada discreta de niña, es el espejo de lo mejor que hay en los hombres o entre ellos, cuando, como imantados por ella, giran 180 grados en dirección a los otros.

* Instituto de Filosofía (IFFIM), Guadalajara.