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Dura palabra (1/10)

LA VERDAD QUE EDUCA AL HOMBRE 

BAJO DOS MIRADAS FILOSÓFICAS: MARÍA ZAMBRANO Y GABRIEL MARCEL 

Luis A. Aguilar Sahagún* 

aguilar@iteso.mx

La verdad: 

Mirada de niña adormecida 

La verdad tiene azorados ojos redondos 

Francisco Hardi-Burdiman, a su hija Aletheia (1993-  )

La intuición que le da título a este trabajo será expuesta a manera de de hipótesis que se podría enunciar igualmente como una máxima más o menos evidente: la verdad educa al hombre. El acercamiento que se presenta para validarla no es, como pudiera parecer, de índole exclusiva ni principalmente epistemológica. Esta tarea, nos parece, es de enorme importancia para la educación. La difícil cuestión de la verdad será enfocada bajo una intención que toca al ámbito de la antropología y la ética y que remite, inevitablemente, al de la metafísica. Parece oportuno, justo en medio de lo que se ha llamado el impasse postmoderno, enfrentar la cuestión de la verdad, por cuanto importa a la educación desde una perspectiva que abarca más que el ámbito del conocimiento. Cabría preguntar: ¿Cuál es la situación del hombre actual respecto de la verdad? ¿Cómo sería el mundo si fuéramos educados en la verdad? ¿Es la verdad algo exterior a nosotros mismos o algo interior? ¿Cómo nos educa la verdad?

Parece que la verdad está en peligro, puede ser olvidada por la educación, sepultada por el mundo de la opinión, de los medios, del clima creado por la vida moderna, por el exceso de información, de medias verdades, de un no saber que hacer con la técnica, de un desarraigo de la tradición, entre otros factores. También puede estar en riesgo, el más importante de ellos, que es, a mi modo de ver,  el amor a la verdad de que somos capaces, que no muere aun en medio del clima incierto en que vivimos, de la infección de un escepticismo que nos hace perder la confianza en nuestra propia capacidad de verdad (Homo capax veritatis). El dogmatismo, el fundamentalismo, son otros grandes factores que pueden sofocar este impulso. En este contexto parece urgente recordar esta condición, asumiendo con sobriedad y una buena dosis de ese sano escepticismo que, creo, forma parte de esa búsqueda que nos lleva, en último término, a asumir la icomprensibilidad del mundo, como trasfondo de todo cuanto sabemos y podemos llegar  saber de él, en sus múltiples verdades, muchas de ellas indiscernibles para la mayoría de los ciudadanos.

La hipótesis, pues, que aquí se explorará puede formularse en los siguientes términos: 

La verdad que educa al hombre es la verdad sin más. El hombre es educado por la verdad,  y cuanto más encarnada y concreta es ésta, tanto mejor lo educa. Y cuanto más ama el hombre la verdad, más educado es por ella. La exposición consta de cinco partes. Tras una breve nota aclaratoria, se indaga el sentido de esta idea bajo dos perspectivas: la verdad entendida como revelación de la vocación del hombre, de acuerdo con el pensamiento de María Zambrano(1904-1996) y la del filósofo francés Gabriel Marcel (1889-1973) quien se aproxima a la verdad  como el misterio que envuelve al hombre comprometido con los otros en una búsqueda común, la verdad como lo que mueve y compañía esa búsqueda amistosa y el término de la misma, al que se accede en gratuidad. Posteriormente se expone el sentido en que la verdad puede educar al hombre en el contexto del mundo actual. Al final se presentan algunas conclusiones.

1.   Educar en la verdad