Esta dramática situación la resienten más fuertemente los jóvenes preparatorianos de las comunidades vecinas de Uruapan, Pátzcuaro, Tierra Caliente y otras regiones alejadas de la capital del estado, quienes –año tras año–, ni siquiera alcanzan ficha para presentar el examen de admisión a las diversas carreras universitarias de la Casa de Hidalgo. Esta circunstancia cimbra a la sociedad michoacana con la repetición anual del movimiento telúrico –sismo social– para tratar de ingresar a esta institución, con la consecuente e inmerecida frustración de los jóvenes involucrados.
Como respuesta a esta falta de planeación, no es sorprendente que sean los estudiantes de la Coordinadora de Universitarios en Lucha, y organizaciones similares (para bien o para mal), quienes tomen la iniciativa en defensa de los malogrados aspirantes. Y por las mismas razones, el fenómeno se repite al final del ciclo educativo, con las protestas afuera de Palacio de Gobierno y las demandas de plazas laborales por parte de los egresados de las normales urbanas y rurales.
Consideramos que debe quedar asentado, así mismo, como causa de origen principal de este problema, que el subsistema de educación superior en nuestro estado está conformado por 43 instituciones (públicas y privadas), además de la Universidad Nicolaita, con una cobertura global de sólo 13 por ciento de la población estudiantil correspondiente; y que este indicador de extremadamente limitada cobertura, sitúa a Michoacán en la posición número 27 en el ámbito nacional.
Reforma universitaria: Página No Encontrada
En este contexto, uno de los pendientes vastos y principales de la administración pública actual en Michoacán tiene que ver con las reformas de fondo requeridas para superar las deficiencias del sistema educativo en todos sus niveles. La falta de políticas y acciones consecuentes de planificación educativa universitaria y de planificación económica regional han ocasionado, además, mayor rezago del bienestar de los habitantes de la entidad.
La educación universitaria que se ofrece en nuestro estado tiene una limitada correspondencia –en cobertura, relevancia y calidad– con las necesidades del desarrollo de las diversas regiones y sectores sociales, de cara a las realidades apremiantes –tecnológicas, económicas, sociales–, del nuevo siglo y de los rápidos procesos de innovación que se presentan en regiones bien determinadas de China, India, y otros países emergentes.
Esta situación no es nada alentadora, especialmente si se piensa que la educación debiera ser el detonador del desarrollo de Michoacán en general y, de nuestras comunidades indígenas y rurales en particular. Es así que esta circunstancia exige, para beneficio de los jóvenes de hoy y del mañana inmediato –y a cuatro años en funciones de la administración estatal actual–, resultados en la planeación consistente y reforma efectiva del sistema educativo de nivel superior estatal en general y de la Universidad Michoacana en particular.
II. K’éri jorhéntperakueri ambé – La idea de universidad indígena reconsiderada
Por lo que corresponde a la así llamada Universidad Intercultural Indígena que se pretende instalar en Michoacán (empezando con sólo oficinas administrativas) en la ribera del lago de Pátzcuaro, ésta dista años luz del concepto de Universidad del Siglo 21; y no resulta de un proyecto concreto y completo, ni es coherente con las aspiraciones de las comunidades a las que se supone debe servir.
Un proyecto sin visión.- Con su abordaje insatisfactorio de diplomados y la carencia de infraestructura física, un campus central, presupuesto garantizado, programas de estudio de avanzada y maestros competentes, la propuesta de universidad no responde, para empezar, a las urgentes necesidades estatales de cobertura educativa; y la propuesta es deficiente, inclusive, cuando se le compara con el arranque de las otras universidades interculturales promovidas por el gobierno federal.
La propuesta de universidad está lejana de ofrecer lo que los estudiantes esperan para convertirse en profesionistas socialmente útiles y productivos. Lo que demandan los jóvenes (indígenas y no indígenas) del interior del estado –y así lo escuchamos en las diversas comunidades que regularmente visitamos–, son centros de educación con aulas y bibliotecas modernas, albergues habitables, y laboratorios, áreas de reunión y centros para el deporte operativos. Demandan también la oportunidad de salir a conocer más allá del mundo inmediato, y la certeza de poder completar una carrera universitaria pertinente y de calidad y con reconocimiento válido y oficial. Las distintas regiones de la entidad requieren de nuevos espacios públicos para una educación de primera clase; están ávidas de una matricula universitaria creciente, planificada, sustantiva y de calidad.