Las intuiciones no son formas meramente emocionales, vagas y subjetivas como se suele creer comúnmente; sino que representan un equilibrio entre el instinto(lo más vital) y la inteligencia, esto es, la posibilidad de darle mayor vitalidad a la inteligencia y llevar el instinto a su expresión más clara. Se trata pues de una inteligencia intuitiva, la cual es mucho más práctica y fecunda de lo que pensamos, como nos recuerda el filósofo norteamericano R.W Emerson: Los hombres muelen y muelen en el molino de un axioma y lo único que sale es lo que allí se puso. Pero en el momento mismo que abandonan la tradición por un pensamiento espontáneo, entonces la poesía, el ingenio, la esperanza, la virtud, la anécdota ilustrativa, todo se precipita en su ayuda(6). El seguir nuestras intuiciones nos permitirá comprender y vivir lo que Blas Pascal llamaba las razones del corazón que la razón desconoce y desarrollar un pensamiento y un saber más cálido y poético que trascienda la frialdad de la lógica, algo que podríamos llamar una inteligencia bondadosa.
El señalar estos aspectos, no significa de ninguna manera dejar de lado o descartar el razonamiento riguroso y sus bondades, lo que pretendemos al plantear estas reflexiones, es destacar la legitimidad de otras formas de conocer, de otros tipo de inteligencia y darles carta de ciudadanía a saberes que actualmente se ven desplazados y olvidados, debido al cientificismo(7) que impera, de manera explícita o implícita, en las instituciones educativas.
La actitud dialogica
La docencia es una relación personal mediada por el conocimiento, que tiene como premisa fundamental el diálogo, el encuentro donde se confrontan dos seres, por lo general de una madurez desigual, revelándose mutuamente su potencial y sus capacidades humanas. Si el maestro no es capaz de reconocer en el alumno a un prójimo, a un ser esencialmente igual a él; un espejo en donde vea su infancia o su juventud; una imagen que refleja sus mismas luchas, sus anhelos más profundos y la vulnerabilidad que nos es común a todos los hombres, no podrá facilitar su aprendizaje, pues las teorías y la información, sin el compromiso y el calor humano, se volverán frías y lejanas y muy probablemente se perderán.
El diálogo sólo tiene sentido, si reconocemos la pluralidad como principio de la realidad, la pluralidad es la ley de la tierra. Nuestro planeta no es habitado por el hombre sino por los hombres. Es necesario reconocer plenamente la existencia de los otros no sólo como presencias más o menos favorables ante nosotros; sino como parte esencial y razón de ser de nosotros mismos: Yo soy en la medida en que ayudo y permito que los otros sean.
El mayor reto que enfrenta nuestra educación, es que los maestros y las diversas instancias educativas fomentemos en los niños y en los jóvenes, un sentido de alteridad, esto es la capacidad de percibir a los otros y de pensar en ellos, el poder captar, empáticamente, lo que significa su experiencia.
Esta actitud no sólo facilita el aprendizaje de los alumnos, pues influye también en el crecimiento intelectual y espiritual del propio maestro como nos señala C. Rogers Pienso que una de mis mejores maneras de aprender –pero, también, una de las más difíciles- consiste en abandonar mis propias actitudes de defensa... y tratar de comprender lo que la experiencia de otra persona significa para ella(8). Esta comprensión empática se sustenta y se desarrolla en el diálogo, el encuentro libre y abierto, en el que dos o más personas se apoyan recíproca y respetuosamente para ser ellos mismos, para pensar y sentir con mayor claridad y así contribuir, en la medida de sus posibilidades, a comprender y mejorar el mundo.
Existen muchos maestros en Yucatán que de manera anónima y empírica (muchas veces sustentados solamente en su conciencia moral)dialogan constantemente con los niños y los jóvenes ofreciéndoles los bienes más formativos y trabajan directamente con el ser espiritual de sus alumnos, buscando siempre tocar y captar la entraña de la persona. Cuando están con un niño, un colega o un padre de familia, piensan y sienten empáticamente; se preguntan quién es realmente la persona que está frente a ellos; leen su lenguaje no verbal, escuchan atentamente lo que dice y lo que no dice; perciben lo que la vida reclama en ese momento a través de su interlocutor y están dispuestos a ser útiles.
La herramienta pedagógica más valiosa con que cuentan los maestros es la imaginación solidaria; cuando uno mira con atención a un hombre o a una mujer -escribe Graham Green- siempre llega a sentir piedadesa es una de las cualidades que la imagen de Dios trae consigo. Cuando miráis las arrugas, la forma de la boca, el modo de crecer el pelo, es imposible odiar. El odio no es más que un fracaso de la imaginación. En esto radica la más alta forma de simpatía y comprensión entre los seres humanos, pues permite vislumbrar y sentir con claridad y hondura el problema, el sufrimiento y la lucha, tantas veces heroica, de los otros: SER significa ser percibido. Cuando se logra esta comunicación profunda de persona a persona, los procedimientos y las soluciones pedagógicas se dan por añadidura, emergen de manera intuitiva y todo se va acomodando y comprendiendo naturalmente.
El maestro auténtico confía plenamente en su experiencia y en su intuición, en la sensibilidad del momento y, sobre todo, en el valor absoluto de la persona. Por ello más allá del grado escolar en que laboran o de la disciplina que imparten, estos maestros le dicen de manera abierta o silenciosa a todos y cada uno de sus alumnos: acuérdate de ser hombre; preocúpate por ser tú mismo; aprende a mirar desde los otros y, sobre todo, cuida de la verdad; la verdad que no pertenece a nadie, sino que es una búsqueda dialógica abierta a todo el mundo: La vocación de la humanidad por la humanidad. (9).