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Hemos podido apreciar un interés de los maestros y maestras de educación básica por  desarrollar su potencial humano y el de sus alumnos. Sin embargo, para que esta posibilidad pueda crecer y prosperar, debe ser apoyada con distintas actividades de  formación y actualización de maestros, que pudieran abordar temas relativos al desarrollo humano en la escuela, la vida interior del docente, las relaciones interpersonales en educación, filosofía de la docencia y otros temas semejantes.  

Otra forma de contribuir a lo anterior, es difundir las ideas y las experiencias de los maestros en este campo. Tal es el propósito de este ensayo, compartir las reflexiones que han surgido de mi experiencia docente, impartiendo cursos a nivel de maestría y en el diplomado sobre Docencia y Desarrollo humano que ofrece la UPN. El escrito está dividido en cuatro partes. En la primera El malestar del maestro revisamos algunos problemas y contradicciones sociales que han generado, una situación de malestar entre los profesores  propiciando la burocratización y la deshumanización de la docencia. En el segundo apartado Los fines últimos de la educación, tratamos el tema de la teleología de la educación, como un aspecto fundamental  para que el maestro recuerde y tenga presente el sentido trascendente de su labor, integrando y desarrollando una visión del mundo  y de la vida que le permita realizar un trabajo más coherente, crítico y creativo. El tercer apartado La herramienta de la intuición, nos lleva a considerar ésta como una forma de conocimiento y comprensión, que puede permitirle al maestro recobrar la confianza en sus decisiones, haciéndose consciente de sus más auténticas necesidades y aspiraciones, para superar rutinas y conformismos  que lo alejan de sí mismo y de sus alumnos.  Por último en la cuarta parte La actitud dialógica, se plantea la comunicación personal profunda  como el instrumento más valioso y fecundo que tienen los protagonistas del proceso educativo, para que éste sea un camino en el cual se aprenda prioritariamente a ser y a convivir, devolviéndole así a la educación  su rostro humano.

El malestar del maestro 

En la actualidad los maestros enfrentan varias limitaciones  para llevar a cabo su labor  de manera más significativa y satisfactoria, estas limitaciones provocan que el docente se olvide  cada vez más  del sentido  estratégico de su trabajo, esto es, de los fines últimos de donde pudieran surgir la inspiración y el sentido plenamente humano de su misión.

 Las dificultades que afronta el magisterio no son  exclusivas de nuestro estado o de nuestro país, ya que se trata de  problemas que se manifiestan a nivel internacional(1) y cuyas causas principales revisaremos someramente:

El trabajo del maestro está mal remunerado y carece de reconocimiento social. La docencia es considerada como una  subprofesión  y por lo tanto  se le asignan salarios bajos que no corresponden a la dignidad, complejidad e importancia social de la profesión.

Existen demasiadas  demandas y expectativas sobre la labor de los maestros. El Estado, los padres de familia y la sociedad en general, los responsabiliza prácticamente de la totalidad del éxito o del fracaso  escolar de los alumnos. La sociedad no se reconoce educadora.

El modelo burocrático, todavía vigente en el sistema educativo, auspicia el centralismo y verticalismo en las decisiones. Al maestro  por lo general  no se le toma en cuenta para decidir sobre las políticas educativas  escolares y no se respeta cabalmente su derecho a participar en  los asuntos académicos, pedagógicos e institucionales que le afectan directamente.

Se carece de un sistema integrado de formación y actualización de docentes que ofrezca alternativas de actualización y desarrollo profesional verdaderamente significativas y pertinentes. En  la formación y actualización de maestros predomina el interés técnico, en detrimento de una formación integral que trabaje también sobre actitudes y valores.

Los Programas de estudio de Educación Básica, a pesar de las valiosas reformas que han tenido, siguen siendo ambiciosos suelen tener demasiados objetivos y recargos inútiles de información que generan un abismo entre lo que postulan y lo que realmente se logra. 

En la práctica docente se sobrevaloran los métodos y las rutinas. En los hechos los procedimientos sustituyen a los maestros olvidando que la  persona del maestro y su filosofía representan el auténtico fundamento de los métodos, la pedagogía es siempre una filosofía en acto.

Los resultados de la docencia no se pueden verificar fácilmente ni pueden darse a corto plazo. El trabajo del maestro, a diferencia de otros profesionales, por lo general no rinde frutos de inmediato, los aprendizajes y los cambios más genuinos son personales, se gestan poco a poco y a distintos ritmos, son cambios sutiles y silenciosos, que se manifiesta a mediano y largo plazo.

Los ambientes de trabajo son poco estimulantes o desfavorables. En muchas escuelas no existe un clima de confianza y libertad que permita el diálogo y la crítica para ir mejorando colectivamente; las relaciones se vuelven impersonales, sobre-politizadas y de competencia. 

Todas estas situaciones causan desánimo inercias e improvisaciones y propician que el maestro pierda u olvide su vocación, el significado más profundo de su labor que le permitiría encontrar el valor y la trascendencia que pueden tener todas sus actividades, aún las más sencillas y cotidianas. Los  maestros  reaccionan  de  diversas formas ante estos problemas y contradicciones.