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el 90% de los empleos están en peligroel trabajo –el suyo y el mío-, tal y como lo conocemos en la actualidad, será reinventado en el transcurso de los próximos diez años. Así de sencillo y así de profundoel viejo y vigoroso activista sindical se acordará. En 1970hacían falta 108 personas, trabajando durante cinco días para descargar un barco maderero. ¿Y ahora?. Maravillas del contenedor: ocho personasun díatodo ha cambiado. La revolución de los trabajadores de oficina está en marcha. El taller de contabilidad va a ser sometido al mismo examen de productividad que los muelles(Peters, 2005).            

El concepto de calidad se encuentra en el centro de esta profunda transformación de las organizaciones iniciando el siglo XXI. ¿Cuáles son las coordenadas  centrales para pensar la categoría de calidad?. El concepto de calidad muestra dos propiedades esenciales: por un lado una propiedad esponjosa y por el otro una propiedad viral. En su propiedad esponjosa el concepto de la calidad absorbe todo aquello que nuevo, fortalece su lógica interna. De esta manera en su interior se incorporan elementos centrales del propio desarrollo del capitalismo como los procesos de disciplinamiento de la fuerza de trabajo, el establecimiento de jerarquías, la racionalización de procesos y las preocupaciones un tanto cosméticas por la motivación del trabajador. En su propiedad viral muestra su capacidad de impregnar y adherirse un número creciente de dimensiones de la vida social, cultural, y política de las sociedades. Desde la calidad de las relaciones sexuales hasta la calidad de los mísiles de destrucción masiva. Desde la calidad de la educación hasta la calidad de vida. Cada vez es más difícil pensar el mundo sin pasar en algún momento por la idea de calidad.

En su propiedad esponjosa el concepto de calidad absorbe de manera integral el pensamiento de Frederick Taylor con sus aportes sobre la gerencia científica a finales del siglo XIX. El supuesto básico de Taylor realizaba una constatación del desarrollo industrial del momento:

Existe un bajo nivel de productividad y eficiencia en las empresas de Estados Unidos que se origina en la simulación sistemática, en la lentitud y bajo rendimiento en el trabajo y salarios bajos, debido a la aplicación de métodos arcaicos y empíricos de producción y administración (Martínez, 2002,69)  

Los énfasis de Taylor se condensaban en la observación, establecimiento de tiempos y movimientos, clasificación, sistematización y estandarización de las tareas y actividades; la identificación de requisitos para el desempeño eficiente en los cargos; la capacitación; el salario a destajo y una estructura de jefes funcionales con autoridad técnica. El modelo igual establece una división del trabajo al interior de las organizaciones en el cual  los gerentes se responsabilizan de la planeación y el trabajo mental y los operarios de la ejecución y del trabajo manual. El alcance de la innovación no es en nada despreciable, Con Taylor se crean las condiciones de la producción en masa, desplazando el control del trabajo del obrero a la empresa y reduciendo al obrero a insumo masificado del proceso de producción. A partir de ahora todas las organizaciones y las tecnologías que la soportan serán tayloristas, en el sentido de:

Acabar con el control obrero sobre los modos operatorios, al sustituir los secretos profesionales por un trabajo reducido a la repetición de gestos parcelarios –en pocas palabras, al asegurar la expropiación del saber obrero y su confiscación por la dirección de la empresa- el cronometro es, ante todo, un instrumento político de dominación sobre el trabajo (Coriat, 1997,2)  

Del aporte taylorista sobresalen dos instrumentos adicionales que se extenderían a diferentes dimensiones en la gestión de las organizaciones: la estandarización y el control, el cual termina siendo posteriormente un control estadístico. Es pertinente recordar que este sistema estadístico de control, estaba concebido para identificar las piezas defectuosas,  las cuales sencillamente eran desechadas mientras que aquellas que mostraban los estándares exigidos, continuaban su tránsito dentro del proceso productivo.  

Por la misma época de Taylor el ingeniero Henry Ford, mostraba al mundo los beneficios de una nueva idea: la producción en serie, la cual permitió reducir tiempos y materiales en la fabricación de automóviles. Los beneficios para la producción eran evidentes:  

En 1909 fabricaba sólo treinta carros por día, en 1913 llegó a fabricar 800, y en 1920 la productividad aumentó considerablemente hasta producir un automóvil modelo T por minuto. En 1925 llegó a salir un auto cada cinco segundos de la línea de ensamble (Martínez, 2002, 79).