ANALFABETISMO Y REZAGO EDUCATIVO EN SAN LUIS POTOSÍ (3/4)
Entre los propósitos que buscaban obtenerse, podemos enunciar los siguientes: abatir el alto índice de analfabetismo estatal; propiciar la participación de los maestros en el compromiso por un San Luis Potosí sin analfabetas; involucrar en el proceso de alfabetización a estudiantes del nivel medio superior y superior; así como a la sociedad, despertando interés en participar en el proceso de disminución del analfabetismo.
La meta fue establecida en reducir el porcentaje de analfabetos a 7.5 por ciento para el año 2000. Entonces es justo hacer una evaluación a esa tarea de las autoridades.
Recordemos que hay contradicción en las cifras para establecer el llamado rezago educativo. Según el INEGI existen 548 mil 800 personas; pero el PAREIB habla de 700 mil; mientras que personal del INEA lo establece en 904 mil. De esa cantidad, hay 179 mil personas etiquetadas por el sistema de poder como analfabetas; aunque el PAREIB habla de 162 mil 693 personas. Quiere decir lo anterior que más del 11.83 por ciento del llamado rezago educativo corresponde a personas analfabetas mayores de 15 años. Dicha cantidad será todavía mucho mayor, porque faltaría incorporar a ese universo a todos los menores de 15 años que siguen sin leer ni escribir en el código del español.
Entonces debemos reprobar a quienes instrumentaron la llamada Movilización para la alfabetización, porque incumplieron su meta de arribar al año 2000 con un analfabetismo del 7.5 por ciento de la población total. Pero además, no solamente incumplieron su propósito de bajar esa cantidad, sino que la incrementaron.
El modo de proceder en aquella campaña fue el llamado Método express. Tal método fue creado, en la década de los sesenta, por Luis Munive y Escobar, obispo de Tlaxcala, y por las Religiosas Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, quienes tuvieron la convicción de que los analfabetas no podían disfrutar de los beneficios cristianos y sociales.
Entre las curiosidades de tal método mencionaremos aquella según la cual conviene formar grupos por edades y sexos, de preferencia que un hombre enseñe a los hombres y una mujer enseña a las mujeres (psicológico). Sin embargo, no queda suficientemente argumentada dicha conveniencia, como tampoco queda expuesto qué tipo de situación psicológica determina segregar hombres de mujeres.
Otro disparate es el siguiente: Para empezar convendría hacerlo con personas de 16-40 años. Adquirida la práctica ya podría mezclarse edades con más amplitud.
El Método express está a cargo de dos instructores, quienes dirigen alternadamente la atención del grupo –no mayor a 10 personas– sobre los contornos gráficos de la vocal o sílaba.
Enseguida pronuncian el sonido de dicha vocal o sílaba, acompañándolo de un sonido fuerte o golpe con una vara sobre la lámina donde aparece la grafía. Más adelante, el grupo repetirá ese mismo sonido durante cuatro veces, indicados por el golpeteo de la vara sobre el cartoncillo, acción que se efectúa cerrando los ojos, a fin de buscar una operación del cerebro mediante la cual memorizar la grafía y asociarla con el sonido. Es decir, tomar una fotografía de éstas.
Más o menos sucedía algo así: Ante el grupo analfabeto, los instructores mostraban una lámina, fija sobre una pared o pizarrón, en donde existía dibujada una sílaba (digamos go, pero podría ser cualquier otra). Enseguida el instructor golpeaba dicho cartel con ayuda de una vara y pronunciaba el sonido cuatro veces: go, go, go, go. Cada vez que emitía el sonido de la sílaba, golpeaba el varazo en la lámina.
Después pedía a quienes integraban el grupo cerrar los ojos y pronunciar el sonido go, al compás de los golpecitos de la vara sobre la cartulina. El instructor hacía sonar su vara y entonces el grupo repetía: go; volvía a tronar el varazo y los educandos volvían a emitir el sonido: go. Esto sucedía cuatro veces.
Un momento más del método consistía en enseñar al adulto a tomar el lápiz y dibujar al aire el trazo de vocales y sílabas. Al finalizar el trazo, debía emitirse el sonido, para lo cual debían sonar los varazos en la cartulina o pizarrón.
Mientras todo esto sucedía, los instructores debían preocuparse por motivar a sus discípulos y mantener despierto su ánimo. Para ello, debían repetir constantemente que es muy fácil el método.
¿Qué objeto tenía todo esto? El propósito era motivar a los analfabetos a realizar una asociación, como se ha dicho, entre los golpes sobre la grafía y el sonido de la sílaba dibujada, y registrar una fotografía de la vocal o sílaba en el cerebro. Podríamos preguntar, con toda malicia: ¿quién estará propinando ahora los varazos para que dichos educandos –entonces analfabetos– efectúen aquella operación? O bien, ¿qué pasaría con aquellas personas que fueron sometidas a tal ensayo?