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ANALFABETISMO Y PODER: EL CASO DEL MÉTODO EXPRESS Y SU APLICACIÓN EN SAN LUIS POTOSÍ. Eduardo José Alvarado Isunza. ealvaradois@yahoo.com Este trabajo busca hacer evidente cómo la cuestión del analfabetismo ha sido utilizada irresponsablemente como argumento político por funcionarios del Estado, con el único propósito de construir consensos favorables a su acción dentro de la esfera de lo público. Con frecuencia nos encontramos con discursos emitidos por dichas burocracias con respecto a la situación de precariedad y marginalidad que sufren millones de personas, relacionándola con su situación frente al conocimiento y la interiorización de códigos de significación de la cultura moderna. De acuerdo con ese argumento, los pobres sufren esa condición de carencias y exclusión con respecto al progreso alcanzado por la sociedad moderna, debido a que no poseen los elementos culturales necesarios para acceder al bienestar. Es decir, entre las muchas insuficiencias que enfrentan los pobres para mejorar su condición, figura la no posesión de los códigos de significación para actuar dentro de la cultura a que pertenecen. Una cultura que, para el caso, es la sociedad capitalista y burguesa, con las características que ésta reviste. Es por ello que, desde la mentalidad de las burocracias que administran el aparato público, una vía para resolver la pobreza consiste en la educación, entre cuyas acciones figura dotar a marginados y excluidos de las habilidades de la lectoescritura, principalmente en lengua castellana. Desde ese discurso, advertimos que quienes carecen de los beneficios de la sociedad moderna no sufren esa condición a causa de la naturaleza depredadora de un sistema de acumulación económica, el cual concentra la riqueza en pocas manos y condena a la postración y al sufrimiento a la gran mayoría. De acuerdo con esa mentalidad, los pobres son pobres porque entre sus muchas carencias figura la de no poseer las habilidades de la lectoescritura. Y, por ello, deben crearse condiciones para habilitarlos, bajo el supuesto de que así ellos mismos iniciarán su tránsito hacia el bienestar. Nosotros consideramos que la cuestión del analfabetismo ha sido históricamente construida. Aquellas personas tipificadas como analfabetas han surgido de la lucha entre grupos humanos, de las que han surgido perdedores y ganadores. Lucha que ha revestido diversas formas de violencia, del genocidio, a la represión selectiva o a la imposición de castigos y formas diversas de exclusión. Pero además, esa categoría es empleada por prejuicio ideológico, puesto que hay la creencia de que el analfabeto es un ignorante, desconociéndose así que todas las personas, en tanto tales, pertenecen al mundo de la cultura y han elaborado formas que le permiten dar lecturas del mundo y actuar en éste. Desde la mentalidad ilustrada y burguesa, por supuesto, hay una inclinación filantrópica hacia la resolución de esa ignorancia, en tanto existe la buena fe de que con la asimilación de los códigos de significación de su propia cultura será posible llevar el progreso hacia todos los grupos humanos. No hay, en consecuencia, el reconocimiento a las diferentes formas de apelación y acción que puedan existir sobre el mundo; sino, más bien, la intención de homologar todas las formas que hay de la experiencia humana, impulsando esfuerzos por llevar la ideología, los gustos, las creencias y los estilos de vida de la propia burguesía a cuantos sea necesario. |