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UNIVERSO VOCABULAR Y PRAXIS FREIREANA EN INTERVENCIONES 

SOBRE ANALFABETISMO FUNCIONAL 

Walter Arceluz* 

warceluz@gmail.com

1. Algunas consideraciones generales 

Cuando pensamos la alfabetización como un proceso que excede la enseñanza y el aprendizaje de la lectura y la escritura, coincidimos generalmente en propuestas que tienen por objeto facilitar la apropiación de la lectoescritura en un marco de construcción de ciudadanía. 

Identidad, libertad, igualdad, solidaridad y participación son algunos de los conceptos –seguramente los más importantes-, que guían el desarrollo de estos procesos, y como es natural, los primeros interrogantes que se nos plantean tienen que ver con los modos de abordarlos, definirlos, analizarlos y en definitiva, cómo trabajarlos participativamente desde un enfoque que fomente el aprendizaje. 

En principio y antes de adentrarnos en cuestiones metodológicas más puntuales, resulta conveniente hacer ciertas precisiones sobre nuestro destinatario. En el caso de las prácticas implementadas en sectores urbanos, los centros de alfabetización, en términos generales, no registran una demanda de población en situación de analfabetismo estructural o absoluto. Es decir, mayoritariamente, los jóvenes y adultos que integran este tipo de propuestas ya han aprendido a leer y a escribir en el sistema de educación formal y en algún momento de sus vidas interrumpieron sus estudios.

No obstante, esto no implica que cuenten con el dominio integral de la lectura y la escritura, más bien presentan dificultades crónicas, ya que han perdido habilidades con el paso del tiempo y en general no han podido apropiarse de nuevas competencias básicas presentes en el campo del conocimiento. Por todo esto, estamos ante un analfabeto de tipo funcional, alguien que domina elementos rudimentarios de la lectura y la escritura de su lengua, pero que no ha desarrollado ciertos conocimientos básicos que le permitan desenvolverse de manera autónoma e independiente en su sociedad.

Rápidamente, cualquiera de nosotros puede pensar que alguien que hoy no domina nociones elementales del lenguaje informático –por el solo hecho de no poder utilizar una computadora-, carece de posibilidades para alcanzar un empleo más redituable, no logrará aligerar su carga de trabajo, o bien, tendrá mayores dificultades para insertarse en un espacio productivo determinado. 

Pero la aparición de las nuevas tecnologías, incluso en países no desarrollados como la Argentina, ha traído aparejado cambios que operan de manera silenciosa y transversal en nuestras sociedades. El avance de la electrónica y la masificación de la informática han provocado alteraciones tan profundas, que se ha modificado nuestra relación cotidiana con el entorno más inmediato, aún a escala local. El uso de un cajero automático, la programación de una alarma en un reloj digital, la operación de una videocasetera o una reproductora de DVD, el uso de un teléfono celular o la compra de un boleto de tren en una máquina expendedora se han vuelto situaciones de la vida diaria que exigen poner en juego una serie de conocimientos y destrezas no aplicables rutinaria y masivamente hace algo más de una década atrás.

De rasgos de esta naturaleza estamos hablando también cuando nos referimos a factores propios del analfabetismo funcional. Pero bien, ¿por qué nos estamos deteniendo en precisar el alcance de esta brecha y cómo se relaciona esta cuestión con nuestra acción educativa?. 

Básicamente, la explicación radica en la aplicación metodológica de nuestra intervención. Cuando nuestra práctica se sustenta teóricamente en el modelo freireano de educación popular, sabemos bien que este desarrolla un método de cinco fases aplicado a la alfabetización de adultos en el ámbito rural, que eventualmente no presentaron las mismas necesidades educativas que nuestro destinatario. De ahí la diferenciación que establecíamos entre los tipos de analfabetismo estructural o absoluto y funcional.

No obstante esta diferencia, la condición instrumental del método se mantiene: el sujeto reflexiona sobre su propia condición y en la discusión con el otro, relee su realidad de manera crítica y se descubre responsable de la creación y recreación de su contexto.