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LAS PRÁCTICAS PEDAGÓGICAS EN LOS NORMALISTAS: ¿CAMBIO O CONTINUIDAD? Una formación docente inicial eficaz debería reunir al mismo tiempo dos características aparentemente contradictorias: debería ser resistente a la práctica y debería ser permeable a ella. Debería ser resistente en el sentido de no desvanecerse ante los imperativos de la vida cotidiana en las instituciones educativas, de romper con los circuitos reproductivos. Debería ser permeable en el sentido de dotar a los futuros docentes de esquemas conceptuales y prácticos en términos de los cuales la vida cotidiana en los jardines, escuelas y colegios, y su propio desempeño en ellos, se les haga inteligibles (Terigi, F., 1995) Prof. Eligio Martínez Hernández* eligio_mtz@hotmail.com Si es usted maestro o maestra en servicio, seguramente recordarás los momentos gratos e ingratos de esa tarea llamada prácticas pedagógicas: la revisión de tus planeaciones, el uniforme, el trabajo con los niños y niñas, el apoyo o rechazo del maestro de grupo, el servicio social, el programa de clausura, los pequeños y grandes obsequios al finalizar el periodo de prácticas, etc. etc. Recuerdos que forman parte de la identidad docente. ¿Qué sentido tienen las prácticas pedagógicas actualmente? ¿A que acciones se le dan atención? ¿Qué tipo de apoyo se requiere del maestro de grupo? ¿Qué significa para el maestro de grupo tener practicante? ¿Qué papel juegan hoy los maestros de la escuela normal? . Son muchas las preguntas que nos podemos hacer hoy muchas las respuestas que podemos encontrar; a continuación, trataré de reflexionar sobre algunas de ellas, que sin tratar de ser generalizantes, bosquejan una realidad gratificante o retadora que el alumno normalista tiene que enfrentar. La revisión ¿Ya te firmó el maestro? Hoy los alumnos normalista, inician el proceso de planeación, una vez que observaron las características de los niños del grupo y la forma en como trabaja el maestro o maestra, no con la intención de reproducir lo que el docente hace, sino mas bien con el fin de tomar en cuenta como van los niños y a partir de ahí hacer sus planeaciones, y desde luego recuperar también lo mejor de las prácticas imperantes me pregunto ¿esto es una realidad o solo parte de un discurso normalista?...... El alumno sigue una agotante prueba de resistencia física e intelectual: hay que planear, es decir diseñar las actividades, sus propósitos, los contenidos, los recursos, la evaluación. Es decir se tiene del reto de concretar en un documento de planeación lo que hipotéticamente se cree que los niños pueden hacer, sustentado en lo que se ha aprendido en la teoría pedagógica de los diversos campos formativos (Lenguaje, matemáticas, ciencia naturales sociales, historia, geografía, etc. etc.) ¿En que medida los alumnos elaboran su planeación a partir de esos sustentos? O ¿a partir de que lo hacen?. Revisión en borrador, en limpio, en la escuela normal en la casa de los maestros, regularmente se escucha ¿Cómo te salieron los planes?: a mi bien, me dijo que los pasara en limpio; a mi me tacho muchas cocas, tengo que volver a hacerlas; Yo no se que quiere el maestro, nada le parece o A ver quien se cansa primero. Ante esto me pregunto ¿Cómo perciben y viven los alumnos normalistas este proceso? ¿Cómo es en otras profesiones la planeación de la práctica? ¿Vale la pena tanta o poca exigencia?; ¿Es nuestro papel como formadores exigir antes de la práctica o brindar procesualmente una mejor formación teórico-práctica? Finalmente estas angustias o gratificaciones se resumen en ¿Ya te firmo el maestro?... El que los asesores de la escuela normal firmen los planes o proyectos. Representa, sin duda alguna, un triunfo para el alumno normalista ¿Cómo hacer el proceso de plantación, revisión y autorización de la práctica algo más humanizante, más colaborativo, más retador y menos angustiante en el alumno normalista? |