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EL CONTEXTO DE LA FORMACIÓN DE LECTORES Y ESCRITORES PLENOS EN EL JARDÍN DE NIÑOS Los principios de realidad que enfrenta el PEP 2004. Profr. Eligio Martínez Hernández eligio_mtz@hotmail.com La implementación de una nueva propuesta curricular enfrenta una serie de incertidumbres, expectativas, certezas, prácticas sedimentadas, cultura escolar, condiciones institucionales, laborales etc, etc. Por ello en algunos casos quizá las preguntas antes planteadas ni siquiera emergen y se continua con ciertas certezas, creencias, ilusiones: prácticas que desde años atrás se realizan y han dado buenos resultados, producto de una trayectoria de formación, exigencias institucionales y sociales. Asi cada zona escolar, escuela, docente tiene el reto de echar una mirada a sus prácticas, recuperar lo mejor de ellas y transformar lo que no contribuya a la formación integral de los niños y niñas preescolares que el siglo XXI reclama, tarea nada fácil, que si bien apela a una responsabilidad de los docentes, requiere la concurrencia de otros actores y condiciones institucionales y una nueva cultura escolar. ¿En que contexto se implementa el nuevo programa, y en particular las nuevas ideas sobre la lengua escrita? En primer lugar hoy observamos que en varios jardines de niños prevalecen aún los ejercicios de maduración, a decir de las educadoras las actividades del EPLE (ejercicios previos a la lecto-escritura): concepción educativa que hasta 1979 estuvo presente en los programas de educación preescolar en México. Se concebía que al jardín de niños le correspondía brindar los aprestamientos para que los pequeños iniciaran en la escuela primaria el aprendizaje de la lecto-escritura. Se culminaba así en este nivel con la aplicación del test de Lorenzo Fhilo que predecía en que tiempo aprenderían a leer los niños. ¿Qué utilidad tienen estos ejercicios? ¿En que creencias se sustentan? ¿Cómo los enfrentan los niños? ¿En que medida son actividades interesantes y retadoras a la capacidad de los niños? Por otro lado en 1981, una nueva concepción sobre el desarrollo del niño y la forma en que aprende se hizo presente en el programa preescolar; en el eje de la función simbólica, se orientaba a dar seguimiento a las concepciones que sobre la lengua escrita los niños desde edad temprana construían, se sugirió permitir que los niños escribieran y leyeran como ellos pudiesen, y que fueran participes de un ambiente alfabetizador. Lo complejo de estas nuevas concepciones, los limitados espacios de actualización, la escasa formación en el campo de la lengua escrita en los alumnos normalistas, la soledad del docente en sus prácticas, entro otros factores dieron lugar a interpretaciones y prácticas múltiples, mezclándose así lo pasado y lo presente, la innovación y la tradición. |