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LA EXCLUSIÓN DE LOS CONOCIMIENTOS  

Y EL PAPEL DE LOS SISTEMAS EDUCATIVOS 

                                                        Sandra Aguilera Arriaga

sanagui2001@yahoo.com.mx

Las condiciones actuales configuradas a partir de nuevos paradigmas económicos, epistemológicos y filosóficos, han traído consigo, entre otras muchas cosas, la transformación de la organización social y la transformación en la organización del trabajo. También han cargado a cuestas con nuevas formas de discriminación que antes eran impensables. Una de ellas es la exclusión del conocimiento y de los saberes. Esta forma discriminación tiene en su origen un germen contradictorio porque es tangible e intangible; existe y afecta a varios grupos sociales, pero pocos se percatan de su presencia en amplios sectores de la sociedad. 

En la historia política y económica del mundo hemos presenciado grandes luchas y manifestaciones en contra  de la explotación. Se han alzado las banderas y los puños por mejoras salariales y mejores condiciones de trabajo. Sin embargo, sería casi imposible convocar a la población a luchar por reivindicaciones que exijan el dominio de competencias de lectura, matemáticas o en las ciencias. O bien, por acceder a buenos libros  y a eventos artísticos y culturales.

En este sentido el problema es muy grave. Se trata de una asimetría que el propio sistema educativo y social plantea a los individuos de una sociedad y los agrupa. Por un lado, se encuentran los incluidos en la organización social, económica y política que pueden gozar  de las bondades que les da su nuevo status, que ahora ya no se deriva del poder político o del dinero, sino el status que da el dominio de competencias, conocimientos y saberes. Este grupo se integra por los que saben, los que son considerados los mejores por su alta calificación y tienen un empleo especializado que no admite errores pero que les paga buenos salarios y les da un alto prestigio social.

En el otro lado, se encuentran los excluidos  que no saben que son los excluidos del  desarrollo social planteado en esta perspectiva. Son los que no tienen acceso a los conocimientos y a los saberes. Los que están secularmente excluidos de los sistemas educativos y rezagados social y económicamente.

El problema de estar excluidos se les presenta a sí mismos como si fuera un  asunto personal o privado y el que estén fuera de la generación de conocimientos y de la información trae como consecuencia que no tengan un lugar estable y seguro en el sector productivo ni en el empleo. Tampoco tienen presencia en el  sistema político, ni un status social y suelen tener una autoestima baja. Así, su fracaso y pobreza son considerados como falta de capacidad personal y profesional.

Sin duda alguna, en este grupo se encuentran los excluidos de la historia: los pobres, los marginados de siempre. De ahí que la transformación del trabajo –la especialización, el mismo nivel de importancia de todos los que integran la cadena productiva y las diversas posiciones según la distribución del trabajo en relaciones horizontales- sea uno de los factores estrechamente relacionados con la desigualdad social. 

Varios autores señalan que América Latina tiene el poco honroso lugar de ser el continente con mayor desigualdad social. La distribución del ingreso es el más injusto. Los ricos son más ricos y los pobres más pobres en estos países del continente americano. Esta situación ha generado un nuevo enfoque de justicia que plantea que no se debe tratar a todos por igual sino de manera desigual, de tal forma que se debe tratar a los individuos de la forma más adecuada a sus necesidades.