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ESCUELAS DE CALIDAD. DE LA TRADICIÓN Y A LA INNOVACIÓN 

Establecer la equidad como criterio y la justicia como horizonte permanente en acciones académicas. 

Por: J Cruz Escalante Álvarez

escalcoy@hotmail.com

En la tarea educativa, se percibe una sensación: cada vez ‘hay menos tiempo’, y todo se hace, menos lo fundamental. Por lo que hemos reflexionado sobre esas cosas que hacemos a propósito de los usos y costumbres que en las escuelas suele ser más fuerte que la posibilidad de innovar en la transición hacia mejores estadios de calidad. Y es que a nadie le resulta casual que se den acciones asociadas a la cultura escolar, que no están determinadas en la misión institucional de la escuela referida en los documentos de orden legislativo, y para las cuales aplican ciertos criterios, mismos que vale la pena cuestionar en función del resultado esperado, la visión y los objetivos de la institución. Pretendemos reflexionar este tema, partiendo del posicionamiento sobre casos específicos, recurrentes en el marco del Programa Escuelas de Calidad. 

La actual política educativa sugiere reformas estructurales, organizativas y culturales a concretarse en un nuevo modelo de gestión donde cada escuela implemente patrones innovadores que pongan sus diferentes procesos en la lógica de la mejora continua, pero además, que tenga un impacto en los aprendizajes de todos los alumnos; aquí empieza el debate, o mejor dicho pareciera que no acaba de comenzar. 

La Tradición 

Primero abordaremos los ancestrales concursos, los tenemos desde los que se inventan a nivel sectorial hasta los que existen por viejos decretos de la SEP como la Olimpiada del Conocimiento y la Ruta de la Independencia, en donde hemos tenido constancia en sus casos más aberrantes, de docentes que en la búsqueda de un reconocimiento institucional de poco sentido social, concentran sus esfuerzos en ‘preparar’ al ‘caballito de batalla’ que pueda ser un buen candidato al primer lugar, pero por condiciones intelectuales naturales propias más asociadas con una buena influencia contextual que con una asistencia técnica especializada. La pregunta forzada es ¿Y los demás alumnos Qué?.

Guías, exámenes y un raudal de apuntes, son entonces objeto de memorización a fin de satisfacer la mayor cantidad de reactivos; luego viene el concurso, escenario de presiones que se extienden desde el o la docente responsable, la o el directivo, e incluso la supervisión; si se concretan los pronósticos, el alumno que resulte ganador será acreedor a la promesa de la convocatoria, pero he aquí el dilema: los resultados de ese alumno aunque representativos de un grupo, grado, centro escolar o zona escolar, no significa que sus colegas de grupo, homólogos de grado, compañeros de escuela o zona, estén en condiciones de lograr de igual forma la presea. 

Sin embargo, muchos esfuerzos y recursos se siguen invirtiendo en ello. Todo mundo ocupa su tiempo en el afán de conseguir un ganador, en la mayoría de los casos descuidando a ‘los demás’.