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EDUCAR PARA LA VIDA GLOBAL Dr. Carlos Haefner V. chaefner@mideplan.cl La vida social moderna se está caracterizando por una cantidad inconmensurable de procesos de ruptura, de saltos, brechas, entre los cuales se hace altamente dificultoso orientarse. Es el tiempo de lo multiverso. Emerge un escenario donde hay mas preguntas que respuestas, donde lo característico es el aumento de la incertidumbre y de la ruptura paradigmas que nos hablaban de certezas. El mundo de la diversidad que enfrentamos, particularmente por su complejidad, es asumido como un peligro por muchos actores. Sin embargo, el verdadero peligro puede ser la incapacidad de los sistemas especializados de la sociedad -incluido el sistema escolar- de manejar, resolver y gestionar la creciente diversidad y complejidad social. Los ejes de la sociedad industrial se derrumban y se abren pasos nuevas coordenadas, las que han iniciado impactos sistemáticos e irreversibles en nuestras vidas cotidianas y sistemas organizacionales. La característica esencial de la modernidad presente es la individualización (U. Beck, 2002) la que se entiende por desmoronamiento de los significados comunes que conformaban ambientes de confianza y certeza para uno mismo y que actuaban antaño como constructores de las biografías. Ahora, pareciera ser que la estandarización de lo biográfico es reemplazada por el "hágalo usted mismo" o "arréglatelas como puedas". FUNCION DE LA ESCUELA ¿Cómo puede orientar la escuela a los niños y jóvenes en un contexto societal que avanza hacia caminos cada vez menos estipulados y definidos para abordar la vida futura? Para algunos importantes analistas de la sociología de la modernidad, el permanente peligro que alberga el sistema educativo en el contexto de la individualización es el de convertirse en un mundo aparente, anacrónica, de un medio que introduce -o intenta- a sociedades que ya no existen o que sólo tiene significación para pequeñas subculturas. Vale decir, bajo la individualización el rol de preparación para la vida futura pierde nitidez. De hecho, lo que oficialmente el sistema escolar haya definido como "orientaciones relevantes" y "conductas exitosas" que hay que necesariamente transmitir desde la escuela hacia las generaciones de jóvenes, se pueden volver irrelevantes en la medida que muchas de ellas se están volatizando bajo el entramado complejo de la sociedad global. La urgencia de la complejidad está obligando al educador a enfatizar su función de transmisión de saber y definirse menos como orientadores de acción y actitudes valorativas para la vida futura. Al mismo tiempo, los docentes viven presionados frente a los comportamientos juveniles que a sus ojos son, muchas veces, evaluados como disonantes con las conductas esperadas, especialmente del "modelo de alumno" que se ha ido configurando en el marco de los imaginarios oficiales. Aunque la verdad, muchas conductas definidas como trasgresoras pueden ser analizadas como efectos de la mayor autonomía de las generaciones actuales que se gatillan a partir de una creciente necesidades de libertad.
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