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Otto Granados Roldán* (1/7)

Educación en México: 

¿gastar más o invertir mejor?* 

otto.granados@itesm.mx

La reforma al artículo 122 constitucional, la presentación del último informe Pisa, la tradicional discusión presupuestal anual en la materia y la inopinada convocatoria del SNTE a una jornada nacional para exigir más dinero a lo que ellos llaman educación, colocaron a finales del año pasado el tema de la relación entre gasto educativo, rendimientos escolares e indicadores de desarrollo nacional, en un lugar muy destacado de la verdadera agenda nacional, aunque se haya perdido, como tantas otras cosas, entre el ruido mediático y la confusión intelectual que parecen ser ya el orden natural de las cosas en México. 

Casi al mismo tiempo, la Escuela de Graduados en Educación de la universidad de Harvard, organizó un seminario con académicos y funcionarios mexicanos sobre los desafíos de la educación mexicana en el siglo XXI –en el que una versión inicial de este texto fue presentada- para discutir precisamente los problemas reales de la educación y en el cuál este fue un aspecto central: al menos por ahora, la educación mexicana no necesita más recursos sino una reestructuración radical de la forma en que está organizada la administración educativa y en cómo se ejerce el gasto educativo. 

La hipótesis preliminar podría ser formulada de la siguiente manera: en las últimas dos décadas, el gasto educativo en México – público y privado- ha aumentado de manera importante y  consistente, tanto en términos absolutos como en proporción del Producto Interno Bruto (1) ; sin embargo, este incremento no ha tenido un impacto directamente proporcional en la calidad de la educación, en el ingreso per cápita, en la productividad laboral o en las evaluaciones internacionales, entre otros indicadores. La consecuencia es que, al menos hasta ahora, el crecimiento en el gasto educativo mexicano no necesariamente está teniendo un efecto positivo para lograr una mejor educación ni una menor desigualdad, y, por lo tanto, antes de gastar más habría que revisar y modificar la composición y la orientación de ese gasto en los próximos años. En suma, mover el eje de la política pública del gasto educativo de las acciones y objetivos a los mejores resultados.

1. Las preguntas 

Hay cuatro preguntas básicas:  

¿por qué si México está gastando más  en educación, los indicadores previsibles no han aumentado en consonancia?

tal como está, ¿la integración de ese gasto es suficientemente eficiente como para mejorar los indicadores?  

¿cuáles son algunas de las razones que explican esa aparente disfunción entre gasto y resultados? 

¿cuáles pueden ser algunas posibilidades de corregir esa situación? 

2. Los avances en la educación mexicana 

En el ciclo escolar 2003-2004, México gastó en educación  7.1 del PIB, lo que significa casi 2.5 puntos porcentuales más que en 1980 (2); de esta cifra, el gasto público aumentó, en ese mismo lapso, de 4.33% a 5.56%, y el privado de 0.32% a 1.52%, es decir,  cinco veces más que hace 23 años. Tan solo en los últimos años, México destina un 19% más en términos reales al gasto educativo que en el año 2000 (3).