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MÁRHIKUA JÁNHASKATI

CIENCIA, MUJER Y UNIVERSIDAD INDÍGENA 

Dra. Bertha Dimas Huacuz* 

eltrendigital@unimedia.net.mx

Como todos los habitantes del planeta, las mujeres indígenas también tenemos derecho al tiempo y al espacio. En tanto unidad de tiempo en el universo, el Día Internacional de la Mujer es una minúscula fracción del siglo 21; pero no se trata de un día cualquiera: es nuestro. Existimos.

Celebremos a la mujer activamente, en todos los ámbitos, transmitiendo nuestras ideas y preocupaciones; y comprometiéndonos a recuperar, de modo permanente, el verbo y la palabra. Hagamos por lo tanto alusión, formal y solemne, al derecho de la mujer indígena a una educación de orden superior; y al de mantener de esta manera y permanentemente su carácter de joven sabia, visionariaMárhikua Jánhaskati.

I.  LAS BASES DEBILITADAS DE LA COMUNIDAD

Al parejo de las limitaciones educativas de los niveles iniciales, el sistema de educación superior no ha respondido suficientemente a las necesidades de los jóvenes indígenas de México y Michoacán. La proporción de indígenas que tienen acceso a la universidad, y que completan una educación de nivel superior, es mucho menor que la del resto de la población estudiantil. En el ámbito nacional, solamente el tres por ciento de los jóvenes en edad universitaria (19 a 23 años) que viven en las zonas rurales pobres cursan estudios de nivel universitario; mientras que esta proporción llega a 45 por  ciento si se habita en la ciudad y se pertenece a una familia de ingresos medios o altos.

Esta diferencia porcentual es enorme y de lo más dramático; y es además causa material de que la pobreza y la marginación se mantengan como condiciones permanentes al interior de las comunidades, en vez de que sean erradicadas para siempre. La proporción de mujeres rurales, indígenas y pobres, que tienen acceso a las aulas universitarias, es todavía mucho menor como consecuencia de las perniciosas barreras sociales y de género existentes.  

Además de las deficiencias y limitaciones educativas en las zonas rurales, nuestros adolescentes y jóvenes enfrentan serios problemas y dilemas, resultantes de un mundo en cambio constante y de nuevas realidades sociales y culturales. La convivencia y responsabilidades de los jóvenes dentro de la tradición organizacional rural y comunal, están cediendo ante la complejidad y las presiones del mundo exterior. Las estructuras familiares se deterioran, y los jóvenes afrontan por sí mismos y sin preparación, nuevos riesgos y nuevas necesidades. 

Mientras su sexualidad y su condición de jóvenes indígenas no se encuentran debidamente encauzadas, sufren cotidianamente de una escasez extrema de oportunidades de trabajo y empleo, y de falta de condiciones propicias para realizarse como hombres y mujeres de bien y de provecho.  

Contamos ya en nuestras comunidades con jóvenes adeptos –aunque sea sólo de imitación en aspecto, vestuario e intención–, a las pandillas de las áreas urbanas. Casi inocentemente, hombres y mujeres, se expresan de este modo en las paredes: Los Ángeles de la Calle: ¡La calle es nuestra!

II.   CIENCIA, COMUNIDAD Y UNIVERSALIDAD INDÍGENA

La exclusión histórica de la mujer, de las actividades del mundo de la ciencia, es la mayor pérdida de toda la humanidad hasta nuestros días; y las condiciones actuales de la educación y la vida profesional siguen siendo desventajosas para las mujeres. 

Cuando se haga en el futuro el recuento del progreso de la civilización, y de lo que la humanidad construyo de verdaderamente perenne, nos daremos cuenta de que al no haber incorporado a la mujer en los campos de la ciencia y la tecnología, perdimos al menos la mitad de las oportunidades de creatividad y de desarrollo de la inteligencia.