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Julio César Bautista López* (1/2)

INNOVAR PARA ELEVAR LA CALIDAD EDUCATIVA: 

UN COMPROMISO  DOCENTE

jcbl_79@hotmail.com 

Teniendo como marco la modernización educativa y como finalidad ofrecer calidad en la escuela primaria, el docente de este nivel debe formar en los niños bases sólidas capacitándolos durante seis años para que aprendan a estudiar, obtengan buenos productos escritos y alcancen aprendizajes significativos que puedan ser expresados oralmente en el momento adecuado. 

Si se desarrollan estas habilidades, al llegar a la secundaria será más fácil  enfrentar el trabajo de ese nivel educativo y establecer la vinculación primaria-secundaria. Esto como una de las finalidades primordiales  de la educación primaria, pero ¿Realmente se están logrando estos objetivos a través de  una educación de calidad?

Hablar de  calidad en la educación implica hacer referencia sobre un concepto que, aun previamente estudiado, es muy difícil  enunciarlo en un amplio sentido  por todo lo que este encierra. Se ha explicado que la calidad trae consigo la relevancia en la educación, la eficacia, la equidad y la eficiencia, pero quien lo propicia y tiene la  responsabilidad de los resultados,  es  el  docente que tiene en sus manos el poder  lograr una verdadera transformación en el educación del pueblo de México,  por lo que enfilaremos una reflexión entre el ser y el deber ser sobre su papel desempeñado.

LA INNOVACIÒN EN LA ESCUELA PRIMARIA COMIENZA DESDE EL AULA 

La escuela es uno de los lugares privilegiados donde se producen los cambios tanto si se hable de términos de aprendizaje, de formación o de educación, se trata siempre de un cambio, una modificación, transformación, pues estos procesos, desde luego, constituyen una realidad educativa. 

Nos tendríamos que preguntar si los docentes son especialistas del cambio. Quienes deberían ser especialistas del cambio en su propio beneficio en primer lugar y en razón de este hecho, de sus alumnos. Al desarrollar este razonamiento, aunque parezca  que provoca, podemos afirmar que todo docente que no acepta ya  aprender quedaría descalificado en el ejercicio de su profesión. La ausencia de motivación por parte de los alumnos es, en este caso, el resultado de una relación con los profesores que ya no cambian y con los cuales se trata siempre de lo mismo.

           

Savater  comenta que a los educadores no nos queda más que ser optimistas, que la enseñanza presupone optimismo, tal como la natación exige un medio líquido para ejercitarse. Quien no quiera mojarse deberá retirarse, debe abandonar la natación; quien sienta repugnancia sobre el optimismo, que deje la enseñanza y que no pretenda pensar en que consiste la educación. Por que educar es creer en la posible perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y el deseo de saber qué la anima, en que hay cosas (símbolos, técnicas, valores, memorias, hechos) que pueden ser sabidas y merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento.  Con verdadero pesimismo se puede escribir  contra  la educación, pero el optimismo es imprescindible para estudiarla y ejercitarla.