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LA DISYUNTIVA DEL SIGLO: EDUCAR O DESTRUIR Miguel Castillo macasti_2000@yahoo.com El clima de violencia, corrupción y terrorismo que envolvió al mundo en los últimos días cimbró a los sistemas políticos y de gobierno en todo el orbe. La conciencia de la sociedad global sobre la estructura de su realidad fue sacudida de manera brutal. Dicho ambiente confluyó en momentos definitorios de la historia conjunta de las naciones. Les planteó una disyuntiva no solicitada sobre el camino que deberán tomar en su desarrollo: el buen uso de la razón y la convivencia humana para sobreponerse a este ánimo destructivo. En este escenario mundial es indispensable y urgente la práctica de la inteligencia educada como la llama Martha Robles. De tal forma que los pueblos aprendan en verdad a pensar, a preguntarse y a interpretar los acontecimientos que los rodean. De esa forma conquistarán un recurso de salvación y progreso, a pesar de los defectos y sus vicios históricos. Que sea la inteligencia educada la herramienta de análisis que genere la acción en la búsqueda de soluciones por medio del fomento a la ciencia, el arte y la educación para revertir las ofensas promulgadas a la sociedad global. Cuando los protagonistas de la escena social, son la muerte, la mentira y el chantaje, nace la obligación de los intelectuales, especialistas internacionales, investigadores y los verdaderos maestros de responsabilizarse, de nueva cuenta, del reto de educar para la democracia, bajo principios y valores opuestos a los presentados en las pantallas de TV. No se trata de caer en la desesperación y entonces dar paso a la educación religiosa en los sistemas educativos, sino de fomentar en ellos la educación moral, basada en la equidad y en los valores humanos para evitar que la corrupción sea un estilo de vida en México y la violencia el relato costumbrista del quehacer mundial. El ejercicio de la inteligencia educada tiene dos compromisos irrenunciables: uno con la verdad, que nos impulsa a luchar por cualquier medio para comprender los problemas e identificar la verdad del conflicto. El segundo, es con la moral ya que la verdad sin ella expone a la humanidad a la destrucción. Por lo tanto la educación para la democracia y el fortalecimiento de la moral se plantean en estos momentos como bienes universales. A final de cuentas es enfrentar al conformismo para transformar las circunstancias y aliviar el dolor que padece el mundo. La escuela de calidad debe ser integradora. Aquella que posibilite la formación de pautas de relación humana regida por los principios de inclusión y el respeto a la diversidad cultural, así como por el ejercicio de actitudes de colaboración y solidaridad. |