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Ana Lilia Flores Cruz* (1/2)

LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN EN MÉXICO 

ENSAYO 

En repetidas ocasiones se ha señalado que, para poder competir comercialmente en el nivel mundial, México tiene que hacer un gran esfuerzo para superar el rezago educativo. Considerando que la educación habilita y expande las posibilidades creativas de los individuos, no es extraño observar, en múltiples medios, la preocupación por conocer la calidad del sistema educativo. 

La década de los noventas ha sido calificada por algunos estudiosos de la educación como la década de la evaluación. En México al igual que en otros países se pasó del ámbito planificador al evaluador, colocándola en el centro de la estrategia para el desarrollo de la educación. El aseguramiento de la calidad educativa se ha constituido en eje orientador de las políticas institucionales y gubernamentales, para lo cual se han establecido dispositivos específicos que se han añadido a los tradicionales. En el Programa para la Modernización Educativa 1984-1994, se planteaba a la evaluación como el medio idóneo para precisar el concepto de calidad, concepto que pese ha ser utilizado, se ha caracterizado por se más bien retórico, por su dificultad de aprehensión y por su indefinición operativa. Para el 2001 ya se esperaba la inminente publicación del programa gubernamental de educación que parecía indicar que se daría especial relieve a la calidad educativa. 

Existen diferentes acepciones del término calidad, el diccionario lo define como cualidad o conjunto de propiedades de una cosa, que permiten compararla con otras de su misma especie, como igual, mejor o peor. Superioridad y excelencia. De ello se puede apreciar que la calidad de la educación mexicana, si se mejora, será igual o superior a la que existe en otros países, reflejándose esto en indicadores: mayor eficiencia terminal, un mayor grado de correspondencia entre la formación obtenida en cada nivel y las exigencias académicas del nivel subsecuente, así como un mayor grado de pertinencia entre la información y las expectativas del medio laboral, cultural y social.

Es bien sabido que existen múltiples factores que están ligados a la calidad educativa. Algunos autores las agrupan en: insumo, contexto y respaldo. La formación de los profesores, de los estudiantes y de los materiales escolares corresponden al primero; la escuela clasifica en el segundo y finalmente, pero no menos importante la familia. 

Otros prefieren clasificar a la calidad en tres factores: demanda educativa, oferta educativa y la interacción entre la oferta y la demanda educativa. Entendiendo por calidad un complejo concepto que incluye al menos la relevancia, la eficacia, equidad y la eficiencia.

La demanda educativa, se traduce como el nivel socioeconómico por dos vías: la directa, a través de los costos asociados a la escolaridad y; la indirecta, a través de los costos de oportunidad que para los padres significa tener a sus hijos en la escuela y sacrificar su aporte al hogar en trabajo e ingresos o ambos. Precariedad de la salud y la ausencia de una adecuada alimentación, la capacidad de explicar diferencias en el acceso, la permanencia, los ritmos de transición al interior del sistema, los resultados de aprendizaje, y también los efectos sobre el empleo y el ingreso. El capital cultural opera sobre la calidad de la educación básica a través de la capacidad educogénica de los padres, que se traduce en la estimulación temprana, en el desarrollo del lenguaje. Existen otros, como el grupo étnico de pertenencia, la lejanía de la escuela respecto de la casa de los alumnos.