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EL 122 O LA LEY DE HERODES macasti_2000@yahoo.com El presidente Vicente Fox prometió en un acto de Escuelas de Calidad y entrega de computadoras en la escuela primaria Matilde Acosta del DF (5-XII- 2002), que trabajando en conjunto el sector público, privado y social, así como la comunidad educativa le cambiarían el rostro a la educación en todo el país. Hoy es una promesa cumplida por lo menos para el DF. Le cambió el rostro y vaya de qué manera. ¿Será éste un criterio para definir un gobierno del cambio? Ese mismo día Fox dejó ver la incomodidad que, desde entonces, generaba López Obrador en la figura presidencial. Ahí le reprochó al jefe del gobierno capitalino que el gobierno federal se hacía cargo al cien por ciento del gasto y la inversión en educación básica en la ciudad de México. A diferencia de otros estados donde los gobiernos locales son los que hacían grandes aportaciones a este sector estratégico para el desarrollo del país. El presidente la República olvidó como suele sucederle, que no fue decisión del Andrés Manuel mantener al DF fuera del proceso de descentralización. Fue en su tiempo el presidente Ernesto Zedillo y el sindicato magisterial quienes así lo acordaron. Tal como ahora la gestión foxista dio marcha atrás a la transferencia de los servicios educativos. La sensación de incredulidad e impotencia entre los capitalinos ante la embestida que los diputados del PRI y el PAN consumaron contra los servicios educativos del DF, ha matizado el clima que se respira en la ciudad. Más allá de los colores de la fuerza política que identifiquen a la entidad afectada, preocupa que dicha situación pueda extenderse en cualquier momento hacia otra localidad si el gobernador de ésta resulta incómodo para el gobierno federal. Otro grave síntoma fue el bajo perfil parlamentario que exhibieron las tres principales fuerzas políticas en el Palacio Legislativo. Ninguna de ellas mostró las habilidades suficientes ni la inteligencia necesaria para anteponer por encima de todo, el derecho a una educación pública de calidad. El 12 de octubre tampoco se olvidará. Después de esta fecha la ciudad ya no es la misma. Aunque los senadores ahora tienen la palabra el pronóstico es poco favorable: una ciudad que enfrentará en el corto plazo serios problemas para financiar sus servicios educativos; disminución presupuestaria en algunas secretarías de gobierno, afectando su capacidad operativa; y por último seremos testigos del reparto millonario que harán de este botín algunos gobernadores quienes tendrán así recursos sin etiquetar para los fines que ellos determinen. Se presupone que los mandatarios estatales aplicarán la cuantiosa tajada la para combatir el rezago educativo, pero nadie puede garantizarlo. Más allá de la triste anécdota legislativa y de nuestra pasividad como sociedad civil, es necesario preguntarse ¿Porqué el poder ejecutivo que encabeza Vicente Fox se resistió a la transferencia de los servicios en materia educativa hacia el DF? Eso era lo primero. ¿Porqué un gobernante autonombrado del cambio prefiere la permanencia de las cosas para que sigan igual o peor de cómo estaban cuándo llegó al poder? Pero quizás algo de mayor preocupación es el hecho de saber que esos principios de permanencia, resistencia y estabilidad –distintivos paradójicos del cambio–, han obstaculizado de manera deliberada el ejercicio pleno del estado de derecho y la búsqueda de una educación con calidad, la cual sólo se incorpora a la retórica del discurso político. La aprobación de las modificaciones del 122 en la Cámara de Diputados fue una escena más en la reedición de la cinta La ley de herodes, filmada en los escenarios de allá en San Pedro de los Saguaros con el PRI o aquí en del Distrito Federal con el PAN. Ambos son lugares donde la educación y el desarrollo social pueden esperar
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