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YO NO DISCRIMINO Miguel Ángel Lugo Galicia mlugo@mx.up.mx El 29 de enero del 2003 la Comisión de Derechos Humanos, del Distrito Federal, lanzó a la opinión pública capitalina, con repercusión nacional, su campaña "Yo no discrimino", en la que aplica incluso un test para conocer algunas actitudes discriminatorias. Esta campaña es recogida por los medios de comunicación en varios mensajes, resaltando que la discriminación constituye una conducta tipificada por el Código Penal del Distrito Federal. Y como toda campaña de concientización sobre derechos humanos, corre el peligro de perderse si no es reforzada en el corazón y en la mente de toda la población, especialmente en quienes deben dar un paso firme hacia un mundo sin discriminación, que son los niños y los jóvenes. Para que no se pierda el impulso de la campaña, los maestros necesitamos analizar e invitar a los alumnos a que no hagan eco de las conductas señaladas por el test de la discriminación. La situación no es fácil en algunas de estas conductas, como es el menosprecio verbal, sexual y de trabajo con las mujeres. Digo que no es fácil porque los maestros no podemos tirar la primera piedra y señalar que hemos escapado de la cultura machista. La cultura machista es difícil de erradicar y quizá en México todavía tardemos tiempo, algunas generaciones, en modificarla. Sin embargo, tenemos el compromiso de acelerar el proceso de "desmachización". Creo que debemos trabajar en cuatro aspectos fundamentales: En señalar que hasta en los confines más insospechados hay tendencias machistas.- Por ejemplo, al momento de explorar el Diccionario de la Real Academia Española, es posible advertir que el significado de la palabra "mujer" tiene varias acepciones peyorativas.(1). Al explorar un Diccionario, algunas personas pueden pensar que sólo refleja la realidad, tal cuál es. Pero en todo caso se podría hacer el esfuerzo que algunos diccionarios realizan, para señalar, específicamente, algunas expresiones como "insultos"(2). En dotarle de sentimientos a los muchachos en la escuela., lo que quiere decir que nosotros, los hombres, hemos sido educados para ser fríos, poco abiertos al sentimiento y la compasión, que más que posturas naturales se ven como defectos propios del "eterno femenino". Intelectualmente también podemos regodearnos con algunas consideraciones, como la de Bergson acerca de la intuición femenina, que supuestamente vuelve más capaces a las mujeres para el sentimiento y las hace más incapaces para la ciencia. Y la filosofía. Algunos dirían que hasta para las matemáticas y la música.(3). No obstante estas observaciones, en realidad no hay ninguna base, hasta el momento, aceptable de distinción de talentos. La perspectiva, más o menos válida, para apreciar capacidades diferentes la tenemos en el trabajo de Garner sobre inteligencias múltiple. Y siguiendo la idea de dotar de sentimiento a los alumnos, los profesores de gramática, letras clásicas, teatro, etc, podrían contribuir excelentemente a este propósito pidiéndoles a los muchachos que aclaren sus sentimientos, que digan lo que piensan sobre sus hermanas y sobre su madre, que intenten señalar mujeres famosas a lo largo de la historia universal y de la historia nacional. En pugnar por la eliminación de programas que hablen sobre "la guerra de los sexos".- La televisión, en la consabida tarea de brindar al público "espectáculo basura", vende muchos programas de estereotipos sexuales, como los talk shows y las telenovelas, que no son otra cosa que guerra de sexos, en los cuales el hombre asume constantemente el papel de canalla y la mujer de víctima sufrida. |