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El compromiso social para la calidad de la educación: 

La sociedad justa y educada como proyecto común 

Luis Armando Aguilar Sahagún 

Lo que pueda ser una sociedad justa y educada está esbozado a grandes líneas en nuestra Constitución y en numerosas iniciativas tanto del sector público como privado. La sociedad justa depende en buena medida de las posibilidades con las que cuenta el Estado para dar vigencia a los principios constitucionales. Existen síntomas de que el estado mexicano se encuentra en crisis: pérdida de credibilidad, aparente incapacidad para lograr acuerdos básicos en cuestiones de fondo respecto al bien social, falta de adecuada coordinación y comunicación entre los poderes del Estado, escasa colaboración con la ciudadanía, etc.  

La crisis del Estado está íntimamente ligada a la crisis de la sociedad: a la fragilidad de sus vínculos, a la crasa estratificación social, a una ausencia de participación ciudadana organizada, a la falta de equidad y calidad en la educación, a la incapacidad de las instituciones de educación superior y de los centros de investigación de proponer acciones que reviertan estos procesos, etc. En este contexto, un factor decisivo fundamentalmente en crisis es lo público, lo que compete a todos, las formas de entenderlo, de vivirlo y de enfrentarlo. Bajo las condiciones actuales de orden político, económico, social y cultural resulta problemático determinar en qué consiste el bien común y cómo lograrlo. Para ello es necesario comenzar por la construcción de lo común. Por la comprensión y el acuerdo de lo que sean. Además del esfuerzo por lograr la igualdad social, mejores condiciones de vida, una estructura de desarrollo integral, moderno y acorde con la diversidad cultural y el talante del mexicano, es necesario que la sociedad justa sea el proyecto en el que converjan la acción colectiva y las actividades individuales o grupales, de manera puntual pero en un movimiento sinérgico.  

Al parecer, ni el civismo público, ni las instituciones políticas y religiosas han sido capaces de generar un ethos de cooperación a nivel nacional. El clima de cansancio y de desencanto está, por lo demás, íntimamente ligado a la falta de esperanza. En este sentido es acertada la observación de Carlos Cullen: La equidad y la libertad son condiciones de lo público, pero lo público, en sentido estricto, comienza cuando, con equidad y libertad, se construye lo común. La escuela, como vigencia de lo público, es aún el espacio de aprendizaje de lo común, no sólo como lo universal y lo abierto, sino también como lo justo. Cooperar con efectividad en tareas que afectan a todos los miembros de la comunidad política es uno de los aprendizajes comunes indispensables que pueden contribuir a la configuración de lo público, dentro de un clima de esperanza, indispensable para que la sociedad justa sea real, realización y anhelo siempre inacabado.