Acerca de OCE
Debates educativos
Artículos de opinión
Colaboraciones libres
Publicaciones
Sitios de interés

RESPUESTA AL DR. LATAPÍ 

Belen Bravo Bonney 

bonney@tutopia.com

Don Pablo, pienso que en la profesión de maestro, como en todas las profesiones  existe el claro oscuro que señala en su carta.

La luz y la oscuridad en una pintura o en un cuerpo que refleja la luz como la luna que usted  menciona,  no resaltan tanto como cuando están juntas. Llevando esta metáfora a la vida podemos contrastar los conceptos positivos y negativos,  esto nos dará la oportunidad de reflexionar, de contrastar y valora la riqueza de las circunstancias, medir consecuencias para evitar lamentaciones y  tomar decisiones fundamentales y trascendentes de nuestra vida.

En su texto aboga por una actitud realista que relativice  lo negativo y valorice lo positivo, como una cualidad de madurez. Me gustaría profundizar ene este punto y hablar de madurez humana, no como una cualidad aislada sino como la integración de cualidades y valores, principios y convicciones que actúan en equilibrio entre el intelecto, la voluntad y el sentimiento; que responden a un orden armónico entre el actuar y lo que se profesa ser.

Entre otras cosas madurez, implica aceptar el propio estado de vida que libremente se optó por llevar y actuar con coherencia, por lo que pienso que, el maestro no puede vivir lamentando sus propias decisiones, sino  al contrario acatar con alegría las dificultades  que conllevan éstas, y que de alguna manera libremente eligió.

El maestro no  puede darse el lujo de  arrastrar dolores como una sombra, porque caería en el sentimentalismo del momento, que solamente desgasta y destruye  moralmente al  hombre, ya que en una persona madura la razón y la voluntad gobiernan sobre los sentimientos y los estados de ánimo. Por eso es capaz de actuar en un determinado modo, de acuerdo a sus convicciones, con independencia propia en relación con el ambiente.

En todo caso el maestro  está para curar heridas que, se han permitido abrir dentro del sistema educativo, porque se han atendido superficialidades y no se le ha dado tiempo a  la elección reflexionada que compromete con el ideal sino, que se ha dejado paso a la actitud relativista, donde se buscan las puertas falsas huyendo de la realidad y dejando paso a la cultura light; esa moda que diluye la esencia de las cosas, dando valor a la  apariencia  y cuando pasa a las personas las vacía, y la encontramos tratando de enmascarar una personalidad que no se ha cimentado en el ser sino en el tener.

En mi opinión, cualquier trabajo u ocupación, por interesante que parezca, produce a la larga tedio, que solamente se salva de abandonarlo con la constancia y autodisciplina, acciones que vigorizan el carácter y nos abren otras posibilidades de crecimiento interior como la capacidad de sobreponernos a nosotros mismos y de llevar a cabo acciones costosas dentro de nuestros ideales.  

Me parece que de estas personalidades con carácter y madurez son las que faltan en las filas del magisterio, para poder confrontar los problemas que nos marca y delimita en su carta, pero también para dar soluciones desde las aulas, descubriendo la nobleza de formar personalidades auténticas, capaces de conocerse con honestidad,  reconocer el valor de los demás, aceptar sus propias limitaciones para  saber discernir de lo importante y lo superfluo, afrontar la mediocridad, saber dialogar  con  apertura; para que más adelante sean  capaces de comprometerse con sus acciones y consecuencias en lo esencial y no en lo superficial y hacer del magisterio  un proyecto de vida como usted menciona.

Pienso que hay mucho por hacer, y que sigue siendo la educación y el maestro el brillo de la sociedad en el claro oscuro del relativismo y el mercantilismo.  

Sin más por el momento se despide de usted atentamente: 

Profra: Belén Bravo B.