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México ante la OCDE (1/2)

Por Miguel Ángel Castillo 

macasti_2000@yahoo.com 

Reiterar los resultados que obtuvimos como nación, en este concierto mundial, ocupando las últimas posiciones en la evaluación de organismos internacionales como la OCDE, a través del PISA 2000, es hablar de algo que ya sabíamos y que fue y será ampliamente discutido entre los especialitas y, en menor medida, por las autoridades educativas. El dominio que mantuvieron los tigres asiáticos, como se les conoce a Hong Kong-China, Japón y Corea, junto con la destacada participación de Finlandia, Canadá y Nueva Zelanda eran también datos esperados. Nada nuevo bajo el sol.

Sin embargo, en México, parece ser que las cosas en educación no se han movido y las autoridades del sector siguen dándole vueltas al asunto o de plano no saben por dónde empezar. Ante los resultados recientes requerimos saber cuáles serán las respuestas, los programas, por lo menos emergentes, para enfrentar propositiva y activamente este grave y crónico problema que aqueja a nuestro país. De acuerdo a esta segunda versión de PISA 2000, son dos los factores de mayor peso asociados a los resultados obtenidos: la desigualdad social y los bajos presupuestos asignados a la educación. Ambos son elementos que afectan, en general, a América Latina, región que obtuvo un bajo desempeño en comparación a otros continentes. El estudio resalta que México sólo invierte la cuarta parte de lo que gastan en educación los países miembros de la OCDE. Quienes planearon y aplicaron PISA 2000, consideran, de acuerdo a los resultados que, mientras más igualitario es un país y se utiliza a la educación para compensar sus diferencias, entonces se consiguen mejores resultados. 

Para Felipe Martínez Rizo, director del INEE, fue importante que México haya obtenido mejores resultados que Chile, país donde el modelo educativo ha promovido la privatización de las escuelas y su clasificación por rankings, además de que México, en comparación a Chile, posee mayores índices de pobreza y de población indígena. El señalamiento de Martínez Rizo apunta, de un modo u otro, hacia la importancia de reestructurar la educación pública, institución social en la que se ha depositado, gran parte del futuro de un país, para arribar a mejores condiciones de vida y de acceso al bienestar; al mismo tiempo, Martínez Rizo puso en tela de juicio la dudosa calidad de muchas seudoescuelas, denominadas en México, como escuelas patito, que de preescolar hasta la educación superior se expanden en nuestro país.

No obstante, las afirmaciones de Felipe Martínez, debería ser más claro pues parece que desea justificar su temor e indecisión a publicar los resultados de las evaluaciones que realiza el INEE, al sistema educativo nacional, al afirmar que un modelo educativo basado en la clasificación escolar por rankings, como el chileno, no está funcionando. Es cierto, lo peor para un INEE como el mexicano y para su sociedad sería tener solamente una lista de los diez grandes éxitos de las escuelas mexicanas. Pero el rechazo a este síntoma disquero, no debe enmascarar la necesidad de evaluar la calidad educativa y lo más importante que se den a conocer los resultados, análisis y propuestas de las evaluaciones.