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La educación ética y cívica Algunas inquietudes para su replanteamiento Luis A. Aguilar Sahagún Profesor-investigador del Doctorado en Filosofía de la Educación Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente 1. México es un país joven en varios sentidos. Por su historia como nación, por su madurez cultural y por las personas que conforman su población. La juventud es la edad de las posibilidades, de su descubrimiento, realización o frustración. También es la edad de los riesgos. México es un país expuesto a los riesgos de crecer. En mi opinión el sentido fundamental de la educación es la formación de personas conscientes, libres, responsables, solidarias, capaces de esbozar y llevar a cabo proyectos de vida personal y comunitaria que beneficien a todos. La educación secundaria, ya obligatoria, se presenta como la oportunidad privilegiada para educar formalmente a la nación. Las materias de civismo y ética a este nivel tratan de responder a la exigencia de formas personas y ciudadanos maduros y autónomos. El rumbo que ha tomado el país, en buena medida incierto, está marcado por la preocupación de estar a la altura de las necesidades y demandas internacionales en materia de trabajo. Tenemos que ser competentes. El gobierno lo sabe y ha puesto énfasis en ello. Hay pues, por lo menos dos fines de la educación: la formación de personas y la instrucción-capacitación de trabajadores, técnicos y profesionistas competentes, especializados, altamente cualificados. Me parece que estos dos fines no tienen el mismo peso. El primero es más fundamental que el segundo. Sin personas conscientes, libres, responsables, solidarias, en una palabra, cada vez más humanas, no existe, creo yo, posibilidad de que un país prospere en ningún orden de la convivencia. Los fines tampoco se excluyen mutuamente. El Plan Nacional de Educación lo contempla, pero parece poner más énfasis en la capacitación que en la formación. 2. Los textos de formación cívica y ética para alumnos de secundaria, ofrecen sin duda un buen punto de partida para avanzar en la dirección de la educación para que sea posible un México maduro y autónomo. Es preocupante que un gran número de maestros no comprendan el fondo de lo que está en juego con estas materias; que la ética sea confundida con un moralismo estéril y contraproducente, y que el civismo se reduzca al ritualismo, el aprendizaje de doctrinas y a la información sobre sistemas políticos, jurídicos y un vago amor a la patria. |