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EDUCACIÓN... 

LA ÚNICA ALTERNATIVA 

Manuel Rodríguez Salazar  

RManuelrodriguez@aol.com

En la vida de cualquier ser humano no hay nada más importante que aprender a ser el líder de su propia vida; entender que uno es la causa de  todo lo que a uno le pasa; descubrir, como dijo Pico della Mirandola en el siglo XV, que uno tiene el poder  para transformarse, según su voluntad, en lo más bajo o en formas superiores...

Cómo vivimos, cómo nos comportamos con otros seres humanos, en qué grado desarrollamos nuestro potencial y el origen mismo de nuestros conflictos personales, familiares y sociales, tienen su origen en la educación que recibimos. 

Aunque hemos progresado impresionantemente en ciencia y tecnología, no ha habido avances en la educación para que aprovechemos nuestras monumentales posibilidades.  Los poderes del pensamiento, de la atención y de la auto-observación son desconocidos para la mayoría.  ¿No es primordial aprender a explotar nuestro enorme potencial como seres humanos?  ¿No es fundamental que esas enseñanzas formen parte de la educación elemental de los niños?  

Las finalidades principales de la enseñanza básica debieran ser:  

ayudar a los niños a desplegar todo su potencial,  

inspirarlos a cooperar con la comunidad en que viven, con su país y con el planeta mismo,  

sensibilizarlos sobre su responsabilidad ante los demás,  

hacerles ver que los derechos individuales terminan donde empiezan los de los demás.  

Lograr, consecuentemente, en primer término, que los niños sepan cuáles son las extraordinarias posibilidades que pueden realizar en sí mismos y cómo lograrlas.  Como siguiente prioridad, comprender que para que la humanidad – de la que son parte – funcione bien se requiere que todos contribuyamos al bien de todos.  

A esta gran tarea la denomino: educación trascendente, educación que puede producir los mejores frutos cuando se imparte en la infancia, en el momento en que se crean hábitos con facilidad, cuando los niños todavía son como mariposas, antes de que los adultos les cortemos las alas, impidiéndoles la posibilidad de ser  todo lo que pueden ser.

La posibilidad de transformación humana ha sido expresada por grandes pensadores: los filósofos griegos, los de la India y los genios del Renacimiento.  Los científicos, particularmente los dedicados a la física cuántica, vienen comprobando hace años lo que los sabios de la antigüedad expresaron desde el principio de la historia.  Inexplicablemente, esos portentosos conocimientos ancestrales no han sido materia de enseñanza en las escuelas, sin existir ninguna razón para que esa instrucción sea privilegio sólo de unos pocos, cuando, sin lugar a la menor duda, debiera ser accesible a cualquier persona.  Ese conjunto de conocimientos básicos – para poder ser todo lo que uno puede ser – forma parte de lo que llamo educación trascendente.

Los buenos maestros desde tiempo inmemorial han sabido que para verdaderamente aprender, las personas deben descubrir dentro de ellas mismas; que es fundamental hacer las preguntas correctas más que pretender tener todas las respuestas y, además, mantenerse en la pregunta, porque siempre dará nuevas respuestas; que es básico generar en los niños la autoestima y el amor; encomiar sus cualidades, talentos y valores, en lugar de enfatizar sus defectos y debilidades.