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La educación y sus vínculos con la salud Miguel Castillo macasti_2000@yahoo.com El tema del suicidio ha tomado bríos entre las voces públicas, los analistas y los especialistas de la salud mental que, a través de investigaciones, han detectado que éste va en aumento y sus consecuencias, costos e impacto social, cultural y psicológico, lo colocan ya como un problema de salud pública. Recientemente sufrimos el impacto de las lamentables pérdidas de tres jovencitas y un niño de 10 años que decidieron poner fin a sus vidas y que, de manera desafortunada, los medios impresos han querido asociar, en un tono amarillista, al rechazo o decepción ante los resultados que dos de ellas obtuvieron en el examen de ingreso al bachillerato. No obstante estas apreciaciones, que probablemente requieren mayor información para emitir un juicio más equilibrado, omiten que tratándose de un fenómeno como el suicidio, como en otras manifestaciones de la salud mental, inciden un conjunto de factores que al asociarse incrementan las posibilidades de que esto ocurra. Estos factores han sido denominados por los expertos como factores de riesgo. Del otro lado, en este continum del proceso salud-enfermedad, existe otro conjunto de aspectos que, al contrario, protegen y evitan que las conductas suicidas hagan su aparición. Estos son denominados como factores protectores. Se ha observado que estos factores están presentes en función de las características del medio social donde se desenvuelve el individuo; de la exposición a diversas fuentes de motivación y a las características personales de cada persona. Ningún elemento de esta dimensión sociopsicológica es capaz, por sí solo, de desencadenar no sólo el suicidio o las adiciones, sino cualquier otro problema de tipo social y psicológico. El encasillamiento del desarrollo humano, por relaciones causa efecto, tiende a confirmar un pensamiento de tipo supersticioso que acusará, falsamente, a ciertos aspectos como responsables de la problemática humana. La investigación y la ciencia han descubierto que entre los factores protectores están: la comunicación abierta entre los miembros de la familia; la capacidad para expresar ideas y emociones de manera clara; poseer confianza y seguridad en sí mismo; la habilidad para establecer relaciones humanas, de amistad y apoyo con personas y amigos externos al círculo familiar; destreza para la solución del conflicto, a través de la negociación y el diálogo; saber enfrentar el stress y las dificultades de la vida diaria y contar con la capacidad para saber tolerar la frustración, entre otras habilidades, que son conocidas como habilidades sociales. |