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La Educación Pública: Educación para la convivencia social 

Ps. Miguel Ángel Castillo 

macasti_2000@yahoo.com 

La situación de la educación en México tiene sus orígenes en la intrincada red de hilos y conexiones que ésta mantiene con otros importantes rubros del desarrollo nacional. Educación, salud, empleo y cultura son elementos de una misma estructura que, a través de éstos y otros puntos, hacen posible la articulación de las posibilidades del desarrollo social y el bienestar de las comunidades. Esta estructura, está rodeada o reforzada por los estilos de gobierno, las políticas públicas y por los vaivenes que la economía impone a cualquier nación.  

El sistema educativo de México fue expuesto nuevamente, después de la mirada que realizó un observador internacional como la OCDE. Para no reiterar los desafortunados resultados que obtuvimos, es importante destacar, desde la visión estructural planteada que, diversos factores sociales y económicos influyen directa e indirectamente en la calidad educativa, sobre todo, en tiempos electorales ya que la escuela es una de las instituciones más propicias para construir la cultura democrática que requiere el país, para concretar la transición y consolidación de la democracia. Así lo prefiguró la OCDE cuando se refirió a la importancia de contar con un ambiente familiar estimulante; al tipo de relaciones y de comunicación que se establecen al interior de este núcleo social, para disparar positivamente los resultados académicos de niños y jóvenes. Además, el organismo internacional, enfatizó la necesidad de invertir más en el sector educativo y que sabemos, mediante la UNESCO, debe alcanzar el 8% del PIB.

La cultura democrática no sólo es definida desde la escuela pública; junto a ella, el resto de las instituciones sociales son responsables y tienen la obligación de estimularla. Los partidos políticos, por ejemplo, han quedado a la zaga y han dejado para después esta vertiente de la vida democrática. Tenemos la oportunidad de reconocer que la democracia se sustenta, principalmente, en dos elementos básicos: la cultura democrática y los artefactos institucionales. Curiosamente, ambos están mostrando severas dificultades para conquistar sus objetivos; los representantes de cada uno de ellos, como la escuela y los partidos políticos están en la encrucijada de la ineficiencia y las recurrentes crisis. Entonces, para empezar a dar los primeros pasos para su restauración, como lo plantean Roger Bartra y Jesús Silva Herzog Márquez, (Nexos, junio 2003) ¿qué debe ser primero?, ¿la reconstrucción de los artefactos institucionales (partidos políticos)? o ¿los procedimientos para sembrar la cultura democrática? Ambos son elementos importantes y necesarios, pero además se debe pensar en ellos como aspectos que se complementan uno a otro, si se desea el bienestar colectivo y el saneamiento social y político. Si una cultura democrática puede estimular el funcionamiento y operación de los partidos políticos, éstos también deben ser capaces de retroalimentar los sistemas educativos que se encargan de orientar y guiar al colectivo para satisfacer las necesidades sociales y políticas del país. Por sí solos, ninguno de ellos tiene en sus manos la capacidad de la transformación nacional.